60 años han pasado de aquel beligerante e histórico episodio registrado con el nombre de La Batalla del Hotel Matúm, donde los tentáculos del grosero invasor imperial-USA llegaron hasta Santiago, con la criminal intensión de cercenar la vida del líder de la Guerra Patria, la Revolución de Abril, Francisco Alberto Caamaño y su Estado Mayor.
Era la mañana del 19 de diciembre de 1965 y, se celebraba una solemne misa en la iglesia Nuestra Señora de la Altagracia en nuestra hidalga ciudad de Santiago de los Caballeros, en honor del arquitecto e ideólogo de la Revolución de Abril, Rafael Tomás Fernández Domínguez, quien había sido asesinado por los invasores el 19 de mayo de ese mismo año, durante el intento de retomar el Palacio Nacional. Dicha ceremonia católica contó con la presencia de lo más granado de la alta oficialidad del Ejército Constitucionalista.
Terminadas ya las exequias, marcharon por la Calle Del Sol y tomaron la Calle 30 de Marzo en dirección al Cementerio Municipal donde se le haría una ofrenda y se le rendiría un tributo a Fernández Domínguez quien estaba sepultado allí, pero antes de llegar al campo santo se informó que habían detectado varios artefactos explosivos (bombas) en la cercanía de la tumba; eso alertó a los concurrentes y, antes de llegar a su destino fueron levemente atacados por ráfagas de ametralladoras desde la azotea del entonces Hotel Oriente que estaba ubicado en la Calle 30 de Marzo con Salvador Cucurullo.
Los atacantes huyeron. Después de realizarse el homenaje en la tumba, el séquito partió hacia el Hotel Matúm, tomando todas las medidas de precaución, donde se les tenía preparado un opíparo desayuno.
Pero estando allí fueron atacados, otra vez, y agredidos de manera cobarde y pérfida por los invasores imperiales y sus genuflexos lacayos criollos. Pero la respuesta bélica de fuego fue inmediata, contundente y viril de parte de los coroneles Francisco Alberto Caamaño, Juan Lora Fernández y el Capitán de Navío Ramón Montes Arache, héroes indiscutibles de esa gesta, quienes repelieron el ataque alevoso de los interventores que mancillaron nuestro sueldo patrio, pero que aquí, en Santiago, fueron detenidos con la reciedumbre y determinación de un pueblo que defiende la tierra que lo vió nacer y, por lo tanto, hasta sacrifica su vida en defensa de sus intereses estratégicos.
En ese enfrentamiento desigual, el coronel Lora Fernández y el sargento Peña cayeron abatidos por el disparo de un tanque, esas muertes le causaron un gran pesar a Caamaño por el afecto y estimación que les tenía a ambos. Pero el coronel de abril no se amilanó, se creció, no se arrodilló y, por consiguiente, enfrentó con gallardía e intrepidez a los pérfidos lacayos y a sus amos. El coronel se agigantó. Un puñado de valientes soldados de la Patria enfrentó con bravura y determinación a la soldadesca invasora y títeres criollos en el perímetro del hotel Matúm y, no lograron doblegar la voluntad de los atrincherados Constitucionalistas, quienes con cada disparo enarbolaban la bandera tricolor y,con ello, defendieron el legado de los fundadores de la República, conscientes de su lealtad a los valores y principios patrióticos baluartes en las luchas sociales y en las conquistas democráticas consagradas en la Constitución de 1963.
Es nuestro deber reconocer el legado imperecedero de los valientes que murieron un día como hoy en la Batalla del Matúm. Nuestra Democracia tiene su base nutricia en la sangre generosa derramada y el sacrificio de los mártires de aquel 19 de diciembre de 1965.
Hoy recordemos con alegría a esos mártires anónimos por esta generación que no se ha dedicado a escudriñar en los archivos de nuestra historia sobre ellos y sus hazañas en defensa de la Patria.
Rindamos hoy y siempre un merecido tributo a los intrépidos Hombres Ranas comandados por el Capitán de Navío Montes Arache, quienes tuvieron una participación estelar y gallarda, no sólo en la epopeya del Matúm, sino en todo el trayecto y desarrollo de la Revolución de Abril.
Nuestro deber y nuestro compromiso es nunca olvidar nuestros episodios patrióticos e históricos, ni a los prohombres que con su sangre han abonado la tierra de donde hemos surgido todos.
Santiago dejó su estampa respetable. Dejó su impronta titánica y combativa aquel 19 de diciembre.
Loor, a esos combatientes constitucionalistas!
Que vivan
Caamaño, Lora Fernández, Montes Arache y todos aquellos que revestidos con el barniz del arrojo y la gallardía defendieron sus principios y, con ello, detuvieron al hematófago agresor y, ofrendaron sus vidas en defensa de la patria amada, en busca de un futuro mejor para todos en la gloriosa Batalla del Hotel Matúm.
