
Por Perfecto Martinez
(Y dos)
La comisión electoral del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) ha desatado un avispero que supera lo irracional e invita a enfrentar con determinación y responsabilidad, sus propósitos inconfesables.
Las consecuencias que pudieran derivarse de ese comportamiento, solo imaginable cuando se actúa a ciegas en aras de cumplir encomiendas de terceros, no deja otro camino que exigirles a los «árbitros» del proceso, el regreso inmediato a sus cabales.
La Comisión Electoral está en la obligación de abrazarse al reglamento electoral y con urgencia, desistir en su erróneo interés de desconocer los derechos adquiridos por uno de sus miembros, en este caso José Beato, para elegir y ser elegido.
No hacerlo deja como única opción honorable apartarse del proceso a través de la renuncia inmediata.
Forzar que la parte agraviada recurra a los tribunales, como ya fuera anunciado por los abogados de Beato, es profundizar innecesariamente una crisis que mantiene en agonía al colegio de los periodistas.
Privilegiar ese camino en las actuales circunstancias en que se encuentra el CDP, es igual a arrastrarlo a niveles superiores de una confrontación de la que difícilmente logre salir.
Los colegiados están llamados a salir en auxilio de su colegio, aunque para la inmensa mayoría no represente nada.
La otra opción sería asistir a su desaparición definitiva porque, sin duda alguna, persistir en el proceder marcadamente irracional de los “jueces” electorales, sería aceptar el tiro de gracia a lo que el trio de marcelinistas ha dejado del CDP, sus siglas.