CDP

El CDP se desmorona entre conflicto, competencia, desconfianza y vergüenza ajena

Por Yanny P. Filpo

Santo Domingo, RD – Las elecciones del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) pautadas para el 29 de agosto, se desarrollan en medio de una creciente crisis institucional que ha puesto en evidencia las fracturas internas del gremio. Lo que debería ser un proceso democrático para renovar el liderazgo del periodismo nacional se ha convertido en un escenario de conflictos de interés y maniobras que despiertan serias dudas sobre la transparencia y legitimidad del proceso. Dirigentes enfrentados, candidaturas impugnadas y una Comisión Electoral bajo fuego han encendido las alarmas entre los miembros activos, que observan con preocupación cómo el CDP parece alejarse cada vez más de los principios que lo fundaron.

A medida que se acerca la fecha electoral, el gremio se ve envuelto en una tormenta de controversias que recuerdan el escandaloso caso del periodista Rafael Polanco, quien fue declarado “fallecido” por la directiva del CDP en 2021 y luego resucitado jurídicamente por el Tribunal Superior Administrativo (TSA).

En aquel proceso, Polanco fue excluido del padrón bajo el insólito argumento de que había fallecido. El grupo que dirigía el gremio en esa fecha, intentaron bloquear su participación alegando que no era miembro activo. Polanco, sin embargo, estaba vivo, vigente y con todos sus derechos intactos. El Tribunal Superior Administrativo (TSA) falló a su favor, ordenando su restitución y dejando en evidencia una trama que buscaba silenciar voces incómodas dentro del gremio. La jugada no les salió: el intento de borrar a un periodista con trayectoria terminó en una humillación institucional.

Hoy, el periodista José Guzmán Beato enfrenta su propio capítulo de exclusión, tras ser inhabilitado por la Comisión Nacional Electoral (CNE) como candidato a la presidencia del CDP. La razón oficial: no cumple con los requisitos establecidos por la Ley 10-91 ni por los reglamentos internos del gremio. Lo curioso —y para muchos, irónico— es que Beato estuvo vinculado en procesos anteriores donde se cuestionó la legitimidad de otros colegas, como el caso del veterano Rafael Polanco. Su cercanía con los actores principales de ese episodio y su rol activo en el gremio en ese momento a través del Sindicato Nacional de los Trabajadores de le Prensa gremio que ha presidido en varias ocasiones han llevado a muchos a preguntarse si ahora está viviendo en carne propia las consecuencias de un sistema que él mismo ayudó a sostener. ¿Es esto justicia electoral o simplemente el karma gremial haciendo su trabajo?

Mientras se libra esta batalla electoral, la Casa Nacional del Periodista refleja el deterioro físico e institucional del gremio. El parqueo ha sido convertido en almacén, la antena empresarial instalada en la azotea simboliza la pérdida de autonomía, y la cafetería, lejos de ser un espacio digno, se ha transformado en un foco de insalubridad. Las oficinas lucen abandonadas, sin herramientas básicas para el trabajo, y los baños conservan un aspecto deplorable, más cercano a una letrina rural que a una sede profesional.

A esta decadencia se suma el abandono de los periodistas pensionados, quienes siguen esperando políticas dignas que reconozcan su trayectoria y les garanticen condiciones humanas en su retiro. En este contexto, las elecciones del 29 de agosto no pueden convertirse en otro capítulo de favoritismos y simulacros democráticos. El CDP necesita una renovación auténtica, no un reciclaje de figuras ni una repetición de viejas mañas. La comunidad periodística exige respeto, transparencia y representación legítima.

En medio de este panorama, la nueva generación de comunicadores observa con desconcierto cómo el gremio que debería ser su casa profesional se convierte en un terreno minado por intereses, exclusiones y estructuras caducas. Jóvenes periodistas con formación, ética y vocación se sienten ajenos a un proceso que no los representa, y muchos dudan si vale la pena participar en unas elecciones donde la transparencia parece negociable y la renovación se reduce a un cambio de nombres sin cambio de rumbo. El CDP, si aspira a sobrevivir con legitimidad, debe reconectar con quienes hoy construyen el periodismo desde nuevas plataformas, enfoques y realidades. De lo contrario, seguirá perdiendo no solo credibilidad, sino también el futuro.

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